La interioridad de los niños
es más compleja y profunda
que la que los adultos alcanzan a captar
y lo que ellos mismos logran atisbar.
Es tal vez por ello, que se ven en la necesidad
de inventar nuevas formas de expresión,
traducidas en cómo utilizan y deforman las palabras
o conjugan frases con sorprendente sintaxis,
o como plasman sus dibujos y desarrollan sus juegos,
plenos de encanto, originalidad y gracia.
Siempre probando los límites de la libertad,
en medio de su natural dependencia de los mayores;
su apetito voraz por absorber el mundo, va a la par
con su capacidad para transfigurarlo en su propio mundo.
El juego y la imaginación
son las herramientas de trabajo de los niños,
que les ocupa todo el día y continúa mientras sueñan.
La inocencia encuentra respuestas
que van más allá de las convencionales
cargadas de ese conocimiento y jerga técnica,
que ignora la razón por la cual les resulta
incomprensible a la gran mayoría de niños y adultos.
Nietzsche observaba
que la madurez se alcanza
cuando se recupera la seriedad
con que jugábamos de niños…
Pongámonos serios...como los niños
que esconden en sus risas y sus llantos
una gran sabiduría y reserva espiritual.
R. Rosende
No comments:
Post a Comment