Ambrose Bierce define plagio
como la coincidencia literaria
entre una prioridad carente de mérito
y una posteridad honorable y plagiar
como el asumir el pensamiento o el estilo
de otro escritor, a quien uno jamás ha leído.
En esa cuerda uno podría
entender el arte de la crítica
como llevar la contraria a un autor
y su obra, la que nunca se ha leído.
El autoplagio por otra parte,
a diferencia del plagio inconsciente,
tiene demasiada conciencia de sí mismo
o una autoestima ensimismada,
en que caben sólo citas propias.
El autoplagio verdadero, eso sí,
es repetirse sin tener conciencia de ello
y por lo tanto sin siquiera citar
la fuente de tanta redundancia.
En las antípodas, Borges aseveraba
que su biblioteca era selecta:
no habían libros escritos por él.
A propósito de libros y bibliotecas,
Alberto Collados Baines, observando
esa tradición consuetudinaria de olvidarse
de devolver los libros que se le han prestado,
hay lectores que no organizan la estantería de sus bibliotecas
por tema o por autor, sino por los nombres de los dueños de los libros.
- R. Rosende
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